Sunday, February 8, 2009

La vida fecunda como señal de la Presencia

(meditando sobre Sabiduría 3:9, 15)

"...porque las buenas obras producen algo esplendido, y la sabiduría es un árbol que siempre da frutos..."

Cuando se obra - con el corazón en la mano -
para el bien de los demás,
el espíritu de Dios reina
y Su Presencia se distingue
entre los hombres de buena voluntad.

Con cada buena obra,
va creciendo el buen árbol
hasta llegar a ser el más frondoso y tupido de buena fruta.

La fecundidad de nuestras vidas -
o sea - todo lo bueno que surge cuando cooperamos con el plan de Dios,
debe estar 'anclada' al Crucificado;
ya que desde este 'punto de partida'
y máximo ejemplo de vida en el amor verdadero,
se van multiplicando todos los frutos buenos
produciendo así, una vida verdaderamente fecunda
en unión con el Espíritu de Dios.

Saturday, January 31, 2009

Vivir en el momento, entregados por completo

Hay que vivir entregados por completo a cada momento,
sin desperdiciar ninguno.
porque en cada momento
se nos ofrece una única oportunidad
para amar y ser amados.

Pero este vivir y esta entrega
deben estar unidos al plan divino de Dios Padre,
para así cumplir con la necesidad interior por la cual fuimos creados
de ser poseídos por el Amor en Dios
para toda una eternidad.

Se debe obrar con el corazón expuesto
ya que Dios conoce nuestras verdaderas intenciones.
Caminemos con nuestra fe
'enganchada' en el Crucificado,
quien nos muestra lo que significa
la verdadera entrega y Amor.

Pidamos estar siempre vacíos
de cualquier impureza temporal
para así, poder ser llenados de los tesoros
del Infinito y Eterno.

Friday, January 30, 2009

Entrando en la realidad de nuestro Ser


(meditando sobre Génesis 1:26-27)


Cuando Dios nos crea a Su imagen y semejanza, empezamos a entrar en una realidad que nos lleva mas allá de nuestro ser físico.

En este mundo, vemos lo que vemos, y muchas veces hasta allí llega nuestro entendimiento de las cosas como son.

Si nos dejamos llevar de la mano de Dios (por decir así) Él nos va enseñando (como a un pequeño niño y como los hijos que somos) a caminar de acuerdo a la realidad eterna en Dios.

Entre más pequeños somos, (y no sólo aceptamos pero celebramos nuestra pequeñez) Dios se encarga con mayor fuerza y por Su gracia divina, de dirigir nuestros pasos para llevarnos a entrar en las maravillas de lo que en realidad nos espera al Ser.

Entendiendo que solamente Dios nos puede llenar hasta lo más vacío de nuestro pequeño ser, y que no existe nada ni nadie en este mundo, capaz de llenarnos del todo, hasta entonces empezamos a ver nuestra realidad con los ojos del alma, respirando el aroma enriquecedor de nuestra fe en Dios Padre, entregados por completo a la esperanza en Cristo resucitado y viviendo profundamente en el Amor eterno.

Después de todo Dios nos ha creado para Él. Y al llegar hasta allí, es mas que suficiente, porque en realidad Dios lo es todo y sin Él no hay nada ni nadie. Solamente reconociendo, aceptando y celebrando lo pequeño que somos, logramos empezar a entrar en la realidad de nuestro ser en el Ser Supremo.